No me referiré al filme de David Fincher, pues a la fecha no lo he visto y por tanto no haré un paralelo entre ambas obras. Con un afán oportuno antes que oportunista me referiré con respecto al relato breve “El curioso caso de Benjamín Button” de Francis Scott Fitzgerald (1896-1940), en el cual se basa la película.Publicado en 1922 en la revista Collier, “El curioso caso de Benjamín Button” es una obra atípica de Fitzgerald, al menos en apariencia. Un cuento de aprendizaje si consideramos que fue uno de sus primeros relatos, mucho antes de sus obras más reconocidas “El Gran Gatsby” o “Tierna es la noche”. No es su mejor cuento, de hecho es bastante irregular. Ya muchos sabrán cuál es el argumento. Un argumento que por momentos es lo único que sostiene el relato, y es más propio de un autor como H.G Wells antes que el gran cronista de la era del jazz.
Primero que todo, el relato comienza en el año 1860, un año antes de que estalle la guerra de secesión y cinco antes de la abolición de la esclavitud. El cuento comienza con el señor Button en el hospital a la espera de que su mujer dé a luz. Lleno de ansiedad, el señor Button, se acerca primero al médico y luego a la enfermera. Ambos perplejos y ofendidos, le presentan a su vástago: un anciano que aparentaba unos setenta años de cabellos casi blancos, el mentón le caía una larga barba gris. El señor Button, hombre de alta sociedad, no lo puede creer y cree que le gastan una broma. Pero no, aquel es su hijo.
A partir de entonces Benjamín Button, un niño con apariencia de un anciano, deberá enfrentar el rechazo social y de su familia, narrada a partir de situaciones absurdas y tragicómicas. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, Benjamín se percata que cada año su cuerpo va cobrando una insospechada vitalidad. Su encanecido cabello oscurece, su piel es más tersa y tanto su cuerpo como su mente han ganado renovados bríos. El relato transcurre rápidamente, está escrito de manera ágil y precisa. Entonces el narrador nos cuenta que Button con dieciocho años, pero con la apariencia de un hombre de cincuenta, se enamora de una bella joven mujer, de quien luego se divorciará ya que mientras ella envejece él cada día más se acerca a su adolescencia. Button peleará en la guerra civil, asistirá a la universidad, tendrá un hijo.
La historia se cierra rápidamente en el último capítulo. Benjamín es ya un pequeño niño hasta llegar a su apariencia de bebé, y comienza a olvidar cada recuerdo de su vida, solo reconociendo algunas presencias y objetos desde su cuna. Los dos párrafos finales tienen un efecto conmovedor. Si lo imaginanara de manera cinematográfica , el narrador va cerrando lentamente el plano, un “dolly in” cuya extrema cercanía hacia el rostro del bebé Button desenfoque sus rasgos, concluyendo en un repentino “fade out” hacia esa unánime blancura de la nada.
Años más tarde, poco antes de morir, el escritor confesaría que la principal inspiración para la creación del cuento fue un comentario de Mark Twain, quien se lamentaba que el mejor tramo de nuestra vida estuviera al principio y el peor al final. Fitzgerald entonces intentó demostrar su tesis, haciendo un experimento con un personaje inserto en un ambiente absolutamente normal, cuya única rareza es que su crecimiento biológico fuera a la inversa de lo natural. Y claro es esa rareza, la que no exime, si no más bien acentúa un tono sarcástico a lo largo de todo el relato, pues Fitzgerald pareciera decirnos que la vida y muerte de Button no nos absolvería de la soledad y avatares de la existencia.
Andrés Otero Rojas
Lée "El curioso caso de Benjamín Button" desde aquí:
http://axxon.com.ar/rev/193/c-193cuento11.htm


3 comentarios:
Lo primero, agradecerte el enlace al cuento ya que no lo había leído y ahora mismo me sumergiré en él.
A priori, y aunque señalas que se trata de uno de sus primeros cuentos y, por tanto, no es de los mejores o más depurados que escribió, es seguro que se pueden advertir muchas de las cualidades que posteriormente le dieron fama como cuentista (de hecho, fue el medio por el que se enriqueció, más aún que con las novelas).
Creo que casi nadie podría narrar una vida completa (de alante a atrás o viceversa) en tan poco espacio y con un ritmo ágil como Fitzgerald.
Un saludo.
Interesante....creo que me quedo con el libro....el film es como chocante, por lomenos lo que he visto de sinopsis.
El libro nos abre más la imaginación y nos lleva a buscar los por qué....
Sldos
Gww: Tienes razón, yo también encontré algunos elementos presentes en este cuento y que posteriormente Fitzgerald seguiría desarrollando.Por ejemplo, la exploración del mundo de la alta sociedad y la figura de Benjamin Button, que funciona como metáfora del gran anhelo de lo que fue la "era del jazz": una vida plena, evadiendo las humillaciones de la vejez. Claramente, Fitzgerald terminó sus días no como Button, sino como un escritor olvidado, solitario, enfermo, sin dinero y con su esposa en el manicomio. Un texto que funciona como autoprofecía en reversa del propio autor. Saludos.
Bandolera: Eso es muy cierto, los textos nos remiten, en última instancia, a las motivaciones originales de la obra, develando los yerros o aciertos en la adaptación cinematográfica. Yo aún no sé si veré el filme, me cae mal Brad Pitt. Saludos.
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